viernes, 20 de noviembre de 2015

la noche extranjera

porque la noche en otro país nunca es igual a la noche del hogar. huellas y máscaras la delatan, ritmos y luces la distinguen del resto de noches familiares. nuestros sentidos son capaces de advertir sus variaciones de color, el ruido lento y el olor de la noche ajena. intuimos matices dentro de la propia oscuridad. 
por ello, duerme el viajero con los ojos más abiertos que de costumbre. en una mal disimulada tensión permanece alerta, expectanteresistiendo la fatiga del viaje se acuesta a la escucha, evitando así que el sueño más cotidiano se presente, que la normalidad lo despiste, que la nueva noche lo acomode.