sábado, 25 de julio de 2015

El hombre en función de paisaje

El paisaje canario es de lejanía también. De horizonte. De promesa. Todo nos vendrá del mar. Hay, por tanto, cierta relación entre estos dos paisajes. Pero la planicie es ondulada, dinámica-mar-. Y el horizonte no es, como en la pampa, fijo. Sino que el nuestro es movible: se acerca y se aleja en función de las nubes.


Pedro García Cabrera

domingo, 19 de julio de 2015

cafeterías de equipaje

Tomás Segovia definió el lenguaje poético como la palabra errante del idioma. Nacido y criado en el viaje, atravesó España, Francia y México empujado por la guerra civil junto a su familia, y supo crear de una vida sin patria la literatura. El poeta hispano-mexicano se instaló en las cafeterías de cada uno de esos países como en una estación de llegada, puerto de arribo donde dejar que fluyera su escritura. 
Sentado en el café Comercial de Madrid o el Grand Café de la Poste de Perpignan, el poeta desplegó su equipaje de verbos, su vocabulario errante, sintiendo crecer en aquellas mesas un hogar, una patria interina, como diría Benedetti. La poesía y el viaje encontraron así el acomodo del café, la espera, la soledad y la errancia.

jueves, 16 de julio de 2015

café y refugio

Otra vez en el café Comercial, con un sentimiento casi conmovido de volver a casa. No una casa que sería este café en particular, sino un estar en casa que se produce en este o en otro lugar, pero que tiene sus predilecciones y sus recurrencias.
Todos mis viajes han sido para esparcir la casa por esos mundos. Una siembra que a menudo arraiga, aunque no siempre. Lugares "revisitados", como dicen poéticamente los ingleses. [...]
Y esa cosa de puerto y de refugio que tiene estos cafés (en vías de extinción, ¡ay!) donde se está sin prisa, sin música impertinente, sin mezquindad de espacio ni atropello; esa cosa de escala protegida y abastecida, donde la ceremonia del estar juntos lo es todo.


Tomás Segovia

sábado, 4 de julio de 2015

Pareidolia viajera

Se denomina pareidolia facial a la identificación de la parte quemada de una tostada, de una mancha de pintura en la pared o la forma de una nube, con un rostro. El espectador reconoce allí una imagen. En cierta forma, ve lo que quiere ver, no lo que realmente mira. Nuestro cerebro aporta la forma final. Creamos  un mundo reconocible a partir de un estímulo impreciso.
Existe en los viajes una pareidolia distinta, parecida en síntomas al efecto psicológico. Una alteración de la percepción que sufren, sobre todo, los viajeros primerizos, también muchos turistas. En ellos, las ciudades por explorar y los nuevos paisajes se comparan, se miden y se radiografian a partir del espacio natal. Las montañas de la infancia sirven de molde, la temperatura de nuestra isla se contrasta con el sol de otros países. 
Pero tanto la pareidolia facial como la viajera son solamente un soporte inventado, un modelo hueco. La realidad, ciertamente,  es única, no hay espejismos, resulta irrepetible. 

viernes, 3 de julio de 2015

ante el reencuentro inevitable

A estas alturas
ya no deben dañarnos
las consecuencias
del reencuentro,
conocemos de sobra
los territorios
devastados



Antonio Castañeda