martes, 23 de septiembre de 2014

el paseante

saliste a dar un paseo cerca del hotel, mirando de reojo el edificio, por miedo a perderte. observabas la hilera de ventanas del piso donde estabas alojado, unas encendidas, otras apagadas. te pareció que aún era demasiado pronto para ir a dormir. suponías, además, que debía haber alguien asomado a una ventana observándote, con la curiosidad de quien estudia a un extranjero. y sin ningún temor continuaste tu paseo, asumiendo que tenías esa figura de forastero que no toma ninguna dirección concreta, que no acude a ninguna parte. paseabas así, tranquilo. no podías ocultar lo que eras: alguien a quien nadie reconocía, alguien que se perdía conscientemente, alguien que, en realidad, no era nada de nadie en ninguna parte. 

domingo, 14 de septiembre de 2014

la ciudad vista como un extranjero.

Para ver una ciudad no basta con tener los ojos abiertos. Es necesario, en primer lugar, descartar todo lo que impide verla, todas las ideas adquiridas, las imágenes preconcebidas que estorban el campo visual y la capacidad de comprender. Luego es necesario saber simplificar, reducir lo esencial el enorme número de elementos que a cada segundo la ciudad expone a los ojos de quien la mira, y enlazar los fragmentos diseminados en un diseño analítico y unitario a la vez, como el diagrama de una máquina, a partir del cual se puede comprender cómo ésta funciona.
La comparación de una ciudad con una máquina es pertinente y, al mismo tiempo, desviadora. Pertinente, porque una ciudad vive en tanto en cuanto funciona, o sea, sirve para vivir en ella y para hacer vivir. Desviadora, porque a diferencia de las máquinas, que se crean para una determinada función, las ciudades son todas o casi todas el resultado de adaptaciones sucesivas a funciones diversas, no previstas por su planteamiento anterior.


Italo Calvino

viernes, 5 de septiembre de 2014

un lenguaje errante

Que nuestro mundo se reduce a nuestro lenguaje, que somos lo que contamos, lo que sentimos y leemos luego para tratar de darle alguna explicación, es una realidad defendida por la lingüística. No obstante, pese a que el mundo tenga esa limitación en el idioma, hay también una lengua errante, decía Tomás Segovia. Hay un lenguaje que permite que una misma combinación de palabras signifique distinto para varias personas, que una frase escrita en dos lugares diferentes, tenga sentidos opuestos. Así es que, aunque la capacidad de describir no sea demasiado extensa, es infinita la posibilidad de aludir, sugerir, evocar, incluso de hacernos viajar dentro de la misma lengua que hablamos.