miércoles, 25 de junio de 2014

Aviso al caminante

El forastero en las islas recibe tres bautismos. Es primero el de Godo, o visitador. Es el segundo el de Visigodo, o huésped de largo tiempo. Y el tercer es el de Peninsular, o establecido. Corresponden estos tercios a los del entendimiento que de las islas se alcanza. 
Un godo no se puede permitir el ambiguo lujo de teorizar, ni debe quererse explicar lo que solo se explica, ni admitirá tentación de más geografía que aquella primera vista. Si no, correrá el riesgo de hacer infelices sus días de Canarias.
Ha de vivir las islas como si tal cosa, que equivale a decir de un modo natural.
Un godo ha de ser impreciso en lo grande tanto como exacto en lo chico. Gustará caprichosamente del sol y de la sombra y de lo que se le ofrezca. Contraerá solamente obligaciones con la ensoñación, los pájaros, las arenas y las olas, las copas de ron, las coplas al ron, las gentes del ron, la luna de ron, y todo aquello que no le distraiga más de un punto de su dejarse vivir. 


Ignacio Aldecoa

jueves, 12 de junio de 2014

calima

Constatación del jadeo de la arena, pulmón inyectado a una bolsa de plástico. Así se expande el desorden de la calima. Ritmo pedregoso que inunda la garganta, asma de polvo caliente. Sin inicio ni final. Brota y se dispersa atravesando lo invisible. Reclamando su disfraz de tiempo masticable.