jueves, 21 de febrero de 2013

La maleta

Durante años he ido perdiendo cosas de mi maleta.

Primero fue ropa de abrigo y aquellas camisas de rayas.
Se me perdieron libros,
que cambié luego por otros,
a ver si así me contagiaba algún idioma nuevo.

Desaparecieron postales, el primer ordenador,
unos cuantos poemas....
Incluso perdí el olor de la casa de mis padres.
                                                ¡Es terrible el olor cuando se pierde!

Un día se me ocurrió que debía buscarles sustitutos,
conseguir que la maleta recuperara su forma originaria.
Encontré camisas nuevas, compré otro ordenador, escribí estos poemas:
¡Hasta pude hablar en otra lengua!

Pero con tanto tránsito de cosas
terminó por deformarse,
la maleta perdió su volumen del principio, toda su rigidez.

Después de tanto tiempo, tantos vaivenes, tantos cambios
temo que en otro viaje termine por romperse,
que una mañana, cuando vaya a buscar algo, ya no me quede nada.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Mudanzas

Mudanzas por el mar o por el tiempo,
en un navío, en una carretera con libros,
cambiando de casas, palabras, paisajes,
separándonos siempre para que alguien se quede
y algún otro se vaya.
Despedirnos de un cuerpo de mujer
que se mira ya lejos como un pueblo,
donde las noches fueron más largas que los siglos
en lámparas y hoteles.
Mudanzas de uno mismo, de su sombra,
en espejos con pozo de olvido
que nada retienen.
No ser nunca quien parte ni quien vuelve
sino algo entre los dos,
algo en el medio;
lo que la vida arranca y no es ausencia,
lo que entrega y no es sueño,
el relámpago que deja entre las manos
la grieta de una piedra.



Eugenio Montejo

domingo, 10 de febrero de 2013

despaisamiento

Los diccionarios son lugares incompletos. La  plasticidad del idioma y su capacidad para metaforizar no siempre son suficientes, no nos engañemos....

Buscando información sobre viajes, caí en un texto de Todorov titulado L'Homme Dépaysé: su traducción en español es El Hombre Desplazado. Pero no contento con la traducción, fui a varios diccionarios etimológicos y encontré el origen de la palabra "depaysement". La raíz es "pays" (o sea, país) y en realidad tenía  en el S. XIII un sentido de "despaisamiento" o abandono de lugar. Así ocurrió, hasta que en el S.XVII tomó el sentido figurado actual, de desorientación o extrañamiento. Los diccionarios  bilingües de francés-español solo lo contemplan de esta última manera.
Leyendo a Todorov sentí que ese significado, esa pérdida de un espacio natal que vivió el intelectual búlgaro al instalarse en Francia y adoptar el francés como lengua de escritura, no coincide exactamente con los equivalentes españoles. Un hombre "depaysé" no solo tiene una carga negativa, también hay una convivencia  entre dos espacios lingüísticos y culturales (el anterior y el actual), que provoca una reflexión continua sobre la propia ubicación en el mundo. Las palabras españolas, en cambio, adoptan el sentido negativo, la parte melancólica, y no terminan de asumir la complejidad del significado.

Me atrevo a probar entonces una nueva palabra para nuestro diccionario:
Despaisamiento: Sustantivo derivado de la palabra "país". Dícese del sentimiento de distanciamiento de un espacio anterior, pero con la incorporación a otro espacio. El despaisamiento formula un modo de pensamiento nómada. Verbaliza el estado de desubicación, tanto en grado positivo como en grado negativo.