lunes, 10 de diciembre de 2012

desde los andenes

y los viajeros siempre se van
son viajeros en los andenes




José Emilio Pacheco

domingo, 25 de noviembre de 2012

En el River II

El café River está situado en un cruce de cuatro calles importantes de Cluj: la Strada Horea, la Piata Mihai Viteazul, la Strada Regele Ferdinand y la Strada Baritiu. Ocupa la planta baja de un edificio de más de cien años, a un costado del río Somes, y tiene dos ventanales que recorren casi todo el local. Desde la cafetería se ve pasar un tranvía cada diez minutos, hacia la Gara de Tren o en dirección al barrio de Manastur. El ruido es ensordecedor cuando pasan los viejos tranvías alemanes. Los clientes clavan los ojos en la calle apoyados en la barra que atraviesa las cristaleras. Allí se sientan grupos variopintos, parejas de oficinistas que hablan del amor y los negocios, acomodados junto a un capuccino, y aquellos solitarios que se apartan en un borde de la barra, y fuman... Solo unos pocos clientes vienen con un libro o un cuaderno. Se les ve leer  mientras miran hacia afuera de manera intermitente, entre la página y la ciudad, levantan los ojos y observan, luego los hunden en la lectura, y se echan a andar.

lunes, 12 de noviembre de 2012

vagabundaje

Lo esencial para aprovechar un viaje es tomarlo como finalidad misma. Andar por el mundo un poco al azar es muy agradable. Viajar sin tener un objeto concreto es una auténtica maravilla. Yo siento que podría curarme de todos mus vicios y de todas mis virtudes, caso de que tenga alguna; lo que no podré dejar jamás es mi recalcitrante vagabundaje.
Hay que viajar para descubrir con los propios ojos que el mundo es muy pequeño, y por tanto, que es absolutamente necesario hacer esfuerzo para dignificar la visión hasta llegar a ver las cosas en grande. Hay que viajar para darse cuenta de que una pasión, una idea, un hombre, sólo son importantes si resisten una proyección a través del tiempo y del espacio. No hay nada como alejarse un poco para curarse de la psicosis de la proximidad, de la deformación de la proximidad, de la que todos estamos atacados. Hay que viajar para aprender -a pesar de todo- a conservar, a perfeccionar, a tolerar.



Josep Pla

miércoles, 17 de octubre de 2012

calles desganadas

Un cambio de dirección, un giro, un despiste, otro giro, y la ciudad es un laberinto.
Por fortuna hay calles que nos reubican; diferentes de las grandes avenidas o los bulevares comerciales, que no dejan de repetirse. El viajero que las localiza descubre una ciudad distinta, menos panorámica. Calles desganadas del barrio, / casi invisibles de habituales, / enternecidas de penumbra y ocaso decía Borges. Parece que allí uno hubiera descubierto el corazón del laberinto.
Protegidas por su diminuta apariencia, permanecen entregadas a su anonimato.

miércoles, 19 de septiembre de 2012


Viaja el viento
sin equipaje
y sin carnet de identidad.
Sólo un pijama de cristal.
Y sin recuerdo
de cuando fue sirena de navío,
bocina de automóvil
o suspiro.
Blanca mudez total.
Kodac ciego. Contraseña
del frío.
Por la hondura del agua
huye su entierro


Pedro García Cabrera

jueves, 30 de agosto de 2012

nunca digo a nadie
                   que regreso
o estoy de vuelta
primero necesito situarme
colocar la memoria
y retomar las rutinas
que hacía
                 antes de partir
el café de siempre
la ciudad de siempre
                  el mar de siempre
(aunque el siempre
ya no tenga ese sentido)
dejo que alguna conversación
con la familia
vaya sacando los sonidos
que aún me pertenecen
 cada año es igual
                se repite el proceso
aclimatando
primero las ideas
luego la voz y el gesto
y mis palabras
entonces ya está hecho
                salgo a la calle
tranquilo
mucho más convincente
escribo a mis amigos
de siempre
               he regresado

miércoles, 25 de julio de 2012

las otras guías de viajes

En otros tiempos, cuando el lector culto y curioso partía de viaje hacia países desconocidos y lejanos, metía en su maleta (los baúles de ciertos viajeros son de por sí materia de literatura) no guías turísticas (que no existían), sino libros de viajeros que antes de ellos habían visitado aquellos países. Esos libros no incluían indicaciones sobre dónde alojarse, no proporcionaban direcciones de embajadas ni de oficinas de American Express ni tampoco listas de vacunas indispensables. Enseñaban otras cosas: cómo se vivía, cómo se pensaba, cómo se hablaba, cómo se escribía y qué categorías mentales estaban vigentes en aquellos lugares ajenos.



Antonio Tabucchi

sábado, 14 de julio de 2012

en el River

repitió lo mismo durante la primera semana, luego la otra, y el siguiente mes hasta llegar al primer año. cada tarde se sentó en la barra de la ventana y sacó su cuaderno, luego pidió un capuccino y leyó y escribió durante una hora. solitario pero amable, se le reconocía en la distancia. su figura siempre rodeada de papeles. lo hizo algún año más, quizás otro. 
y se marchó. sin despedirse. dejó de venir, dejó de leer, dejó de escribir, 
dejó de ser un desconocido para convertirse en nadie.

martes, 3 de julio de 2012

aceptar lo que se ofrece

Tengo la impresión de no poder existir más que fuera de toda pertenencia. Esa no pertenencia es mi sustancia misma. Tal vez no pueda yo más que expresar esa contradicción dolorosa: aspiro como todos a un lugar, a una morada, y no puedo, al mismo tiempo, aceptar lo que se ofrece.


Edmond Jabés

lunes, 25 de junio de 2012

el complemento

La mayor parte de la gente que pasa por delante de mi cafetería lleva una bolsa, al menos una, porque hay quien lleva dos o más en cada mano. Son de colores chillones, una mezcla de tonos amarillos, naranjas o rojos que resaltan a varios metros de distancia. Por ejemplo, la mujer del pañuelo en la cabeza que camina  como si acabara de terminar la vendimia lleva una bolsa del supermercado "profi" de color amarillo y rojo; esa otra chica, erguida como una modelo, lleva una que mezcla el negro y el naranja de la compañía telefónica "orange"; en la otra acera, una madre empuja su carrito con una bolsa azul de no sé bien qué, colgando de su muñeca...
Pareciera que existe una especie de jerarquía de bolsas, o un código que te permite combinarlas con un tipo de ropa de un color. Quizás tenga algo que ver con la clase social, con el origen, o con la temperatura, porque si mal no recuerdo, esas mismas bolsas en invierno tenían tonos más fríos. No logro descifrar de qué se trata el complemento. Cuál es su función. Imagino que sirve como un bolso para las mujeres, pero a decir verdad, ellas llevan por igual un bolso en el hombro y una bolsa en sus manos. De los hombres tampoco sé qué responder, muchos llevan una maleta y una bolsa, o a veces pasean solo con ella, recogida sobre su puño. Eso sí que difiere entre los dos sexos, unas las zarandean, y otros las aprietan. 
En este mismo instante, acaba de entrar en la cafetería un  "metrosexual" con gafas de sol, tipo piloto de cazabombarderos americano, y lleva una bolsa roja de la tienda ferrari como quien conduce un descapotable, la deja luego en la mesa, junto a las llaves de su audi y las gafas... 
Es una incógnita que se quedará sin resolver antes de que me vaya de Rumanía. 

domingo, 27 de mayo de 2012

me voy por los caminos que se ofrecen

La soledad siguiendo,
rendido a mi fortuna,
me voy por los caminos que se ofrecen,
por ellos esparciendo
mis quejas de una en una
al viento, que las lleva do perecen.


Garcilaso de la Vega

sábado, 12 de mayo de 2012

la vida paralela

Al revés de quienes desearon viajar
desde la infancia,
mi sueño fue moverme hacia otra parte
sin tener que irme.
Marchar temprano con la primera luz
y estar de vuelta aún anocheciendo.
Pero no tuve elección
y supe tarde lo imposible
de los sueños juveniles.
Ahora estoy dentro de un sueño que no tuve,
vivo la vida que jamás deseé:
viajo durante semanas,
me instalo algo menos de tres años
en cada nuevo edificio.
Me pregunto dónde sucedió el intercambio,
cuándo fui apartado
de aquella otra infancia,
cuándo me usurparon
lo que debía haber sido mío.

jueves, 15 de marzo de 2012

¿ya vino?

Todos los insulares que retornan a la ínsula están en el mismo caso que Fabelo. Es preciso preguntarles a ellos mismos si vinieron. Es en balde que las listas de vapores consignen que Fabelo ha viajado, es inútil que un amigo de un periódico anuncie la llegada de Fabelo; cuando Fabelo tropieza con un paisano tendrá, indefectiblemente, que decirle que ha venido...



Alonso Quesada

domingo, 4 de marzo de 2012

la otra isla


creen, ilusos,
que voy pisando, distraído, el agua.
Manuel Padorno


acude a su paseo por la playa y se sienta en la misma mesa siempre repite el ritual en la terraza abre su cuaderno y se aleja unos metros hasta que haya una distancia prudente entre él y la orilla en el mar saca sus lápices y sus pinceles inundados dibuja una isla minúscula un trazo justo algún color contra los acantilados participa del mecanismo en su otra decoración mientras la brisa acaricia un ruido lento de luces planeando sabe que las nubes permanecen en la misma posición y llevan un aire fresco igual que el día anterior deja entonces sus lápices y sus pinceles y vuelve a pasear ahora sobre las olas y la espuma su alfombra invisible mientras su cuaderno abre cada página con la delicadeza que su voz recorre con el vértigo de quien se sienta en la terraza e imagina que la isla pinta por dentro una de sus manos

viernes, 17 de febrero de 2012

del otro lado

Una persona empieza a vivir cuando es capaz de vivir fuera de sí mismo




Albert Einstein

lunes, 6 de febrero de 2012

caminar por la nieve

caminar por la nieve
es paradójicamente
igual que andar por la arena.
se siente el calzado deslizándose,
el esfuerzo de la pierna
por mantener la trayectoria,
la victoria del equilibrio...
pero la incertidumbre
de la siguiente pisada
hace diferente el camino.
la arena es un territorio seguro y acompasado;
caminar por la nieve
es un acto valiente,
lleno de vértigo,
tan cargado de poesía como de locura.

martes, 31 de enero de 2012

me moriré más lejos que ninguno

Yo vine al mundo
en la ciudad más prostituida,
más circular,
más envidiada,
todo se deteriora
al acercarse a ella,
todo trabaja en su favor
para dejarla inalcanzable.
A lo mejor se nace siempre así,
a lo mejor todos nacimos en Alejandría.
Jamás he de volver a verla
porque mi edad, mis versos
(¿no son lo mismo?)
se han hecho
de esta lejanía,
no de otra cosa.
Mi verdadero lujo
es este: haber nacido
donde no he de volver jamás,
casi no haber nacido.
Cuando me muera,
si he de morir,
me moriré más lejos que ninguno.



FABIO MORÁBITO

viernes, 20 de enero de 2012

las estaciones de tránsito

las estaciones discurren en Transilvania con una especial virulencia.

ahora el invierno instala envolturas blancas en las colinas que rodean la ciudad, se llenan de ese manto de nieve:
el infinito resistirá hasta mediados de marzo.

el verde primaveral espera debajo, agazapado...

cuando la temperatura supere los 40º el verano secará su hierba,
el único instante que añora el dolor helado de estos días de invierno.

el otoño, sin embargo, es la experiencia exacta, el color natural de la región,
en esa época las colinas vuelven al punto de inicio, todo regresa a su origen.
aquí el año no empieza en el invierno, sino en el inicio del otoño:
es siempre esa imagen apagada...

este es otro invierno intermedio... otra estación de tránsito... la última