me acompaña en Rumanía una imagen recurrente. unos operarios que atienden una zanja en la calle más importante de la ciudad. poco importa el arreglo o la medida de la brecha, unas veces se ocupan de ahondar más, de seguir avanzando en el agujero, y otras, con cierto agotamiento dan los primeros pasos hacia su cicatrización, cosa que luego suele obligar a una nueva abertura. así transcurre el tiempo, entre el golpe del taladro y la caricia de la apisonadora, siempre con la sensación de que hay un agujero continuo en el medio. siempre abierto, mirando hacia nosotros
1 comentarios:
las zanjas rumanas son las guirnaldas de los que no tienen párpados para cerrar los ojos e imaginar que sus ciudades, sus carreteras, sus sueldos y sus ideas inútiles son tesoros perdidos en el este de esta Europa que se está convirtiendo en zanja.
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