sábado, 26 de febrero de 2011

una enfermedad insular

Rinitis alérgica es una tortura de nombre griego que produce un enorme número de infectados cada año en la ínsula. No niego que el nombre no sea glamuroso y que en un lugar como este, sin toxinas ni enfermedades, ni animales venenosos, no debamos sufrir algo que se parezca a una enfermedad incurable... Porque el ser isleño no es menos importante que el continental. Entiéndase. Pero para quienes la sufrimos, quienes la tratamos de soportar rodeados de antiestamínicos e inhaladores, es un suplicio, un sinvivir. Para el estudiante que a primera hora interrumpe la clase a base de estornudos, para el camarero que te sirve el café con el rostro desfigurado... Más que una enfermedad o una alergia es una plaga. Y me da soberanamente igual ese clima paradisiaco y bucólico que tanto aprecian los turistas. Pertenezco a los que pasean infectados, con los ojos inyectados en sangre y la nariz humeante, con trozos de piel seca en el pañuelo; voy tan aturdido que no distingo si camino por Siberia, el Trópico o el desierto del Kalahari. Reivindico una solución definitiva para este mal. Al menos una droga lo suficientemente fuerte que sea capaz de combatirlo. Quiero ver los paisajes de la cumbre, las playas de la isla y alguna gaviota que no se espante cuando saque el Kleenex de mi bolsillo. Por favor, científicos del mundo, por favor... Que ya es hora.

martes, 22 de febrero de 2011

la soledad del viajero

La soledad del viajero es una soledad llena de estímulos. Es una soledad acicateada, pellizcada. Pienso en la soledad del sedentario y se me aparece como una soledad cautiva, lastrante. Como si tuviera amarrada una pierna a la pata de hierro de la incapacidad o la nostalgia.





Luis Muñoz