sábado, 20 de noviembre de 2010

hacerse el loco

Mi amigo Wilfredo pasea unas horas cada mañana, desde el día que le pararon de su puesto de comercial en una empresa isleña. Es un gran conversador. Uno de esos insulares que conoce a un millón de amigos (también suena desde el fondo la canción de Roberto Carlos). Aparte de sus tantas virtudes, la que ha desarrollado en este retiro forzado es detectar a antiguos amigos con quien poder charlar. Pero también se entretiene observando la manera en la que muchos conocidos lo evitan justo cuando pasan a su lado. Una vez dentro de su trayectoria (en su misma dirección), quiebran el camino o giran la cabeza para no topárselo de frente. Wilfredo no se enoja y poco le afecta ya. Todo lo contrario, se ven las cosas más inverosímiles, y como él dice -adoro ver cómo se hacen el loco. En Canarias hay una particular manera de evitar al otro en el camino, y aún así, salir airoso del encuentro. Muchas son las fórmulas. Me describe al que mira concentrado un escaparate, al que saca el móvil, quien tuerce en la primera calle o entra en un comercio, como si se protegiera de un asalto inminente. Porque en una isla el encuentro es mucho más común que el desencuentro. Pero aún así, el insular desarrolla una destreza especial que pueda evitarle saludar a otro insular del que ya no le interesa casi nada. Mi amigo Wilfredo sabe ahora que está condenado a ir contabilizando a todos aquellos que lo evitan, que se hacen el loco, con la finura del que se salta un acto protocolario con ingenuidad y no con alevosía. Él es feliz igualmente. Es un gran conversador. Ahora me explica que se ha convertido en vigilante de las nuevas costumbres de la ciudad. Qué cosas.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Por qué

Y por qué no buscar siempre
lo que es parada en un camino,
lo que hay de otoño en un verano
lo que hay de ardiente en lo más frío,
lo que sonrojo de unos labios,
lo que es Recuerdo en el Olvido,
lo que es pregunta en la respuesta,
lo que es jadeo en un suspiro,
lo que es vital de esa alegría,
de esa tristeza en que vivimos



Elvio Romero