viernes, 29 de octubre de 2010

Los mil amigos

¿Cuántos amigos puede tener un canario? Mil, cien mil, doscientos mil… Puede alcanzar más de un millón, soñaba Roberto Carlos. Así es. Y esos amigos que no has visto, que tú no sabes si existen o no, pueden confirmarte cada historia que el canario cuenta. No sirve de nada hacerle ver al señor Robayna que da lo mismo si ese amigo es director, arquitecto o príncipe. “Sentir calor de una mano amiga” continúa Roberto Carlos. Dice: yo tengo un amigo que tiene…, un amigo que me dejaun amigo que va siempre a…; y mientras lo pronuncia hace un gesto sonriente. Pero no se atreve a contar el origen de esa amistad. Porque -solo ellos- pueden tener amigos en la cafetería donde desayunan, en la autoescuela (pese a llevar siete años sin pisarla), o aún más, en la casa del vecino. Yo tengo una amigo que viaja mucho…, mi amigo me contó que…, pues mi amigo, que sabe de eso… El amigo del isleño es como una navaja suiza, y lo mismo sirve como testigo que como culpable, como abogado defensor o científico, policía, médico… Hasta puede inventarse una profesión nueva. Así aparecen y desaparecen estos amigos misteriosos del insular. Robayna no para de contar en la cafetería lo que sus amigos le consiguieron o lo que supo de aquel tema gracias a ellos. Yo lo escucho desde la otra mesa y le miro con admiración. También quiero tener un millón de amigos. Me pregunto entonces si ahora puedo considerar al señor Robayna como uno de esos amigos… Tengo un amigo que me dijo… Pienso.

domingo, 24 de octubre de 2010

Viaje a Portugal

No es verdad, el viaje no acaba nunca. Solo los viajeros acaban. E incluso estos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos (...). Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.



José Saramago