domingo, 21 de marzo de 2010

algún detalle en la extranjería

escribo siempre en un tipo de cuaderno de anillas, de tapa dura (no me importa el color) y con las páginas completamente blancas. puede llegar a ser una manía, si no lo es ya; conforme pasa el tiempo desarrollo un mayor repudio por todo aquel cuaderno que no cumpla las normas. debe ser así o nada, de lo contrario no puedo escribir, no me sale, me para, casi diría que de repente sufro un vacío y el poema, la historia o la idea se marchan lejos.
pese a tratarse de una manía no es tampoco una manía insoportable, ni resulto ser alguien demasiado caprichoso, pero todo me descoloca cuando vuelvo a Rumanía, o acaso me doy un salto a Francia. en ellos he tenido experiencias atroces en la búsqueda de algo tan simple. resulta complicadísimo. las anillas en los cuadernos están en peligro de extinción y cuando logras encontrar alguna siempre las páginas a rayas o con cuadritos se ocupan de mi desengaño. a Francia le sucedía algo peor puesto que solo en tiendas del tipo: artesanía de Amelie podías encontrar el dichoso objeto, a un precio exorbitante.
ni en uno ni en otro país he conseguido encontrar nada que me guste. pero compruebo con asombro cómo en cualquier papelería de barrio de Canarias y de la Península se puede encontrar ese tipo de cuaderno, de páginas blancas, con anillas de alta o de baja calidad y tal vez con la tapa dura y de un precio más que razonable. a veces me planteo si podría hacer un documento sociológico con todo este material, no sé.
me pregunto si con un cuaderno de líneas y de cuadritos sería capaz de escribir este tipo de comparaciones tan absurdas, o si acaso me sentiría tan libre.
y aún más: ¿un francés o un rumano se sientirían tan oprimidos en la inmensidad de la página blanca?
es algo que no dejo de pensar.

jueves, 11 de marzo de 2010

de Calles

Un poco de cordura para vivir como quien viaja
hasta desinfectar la memoria en
el aire que expulsamos.

Hasta
lograr, si
se logra, la palanca instrumental: una morada propia,
que será, de todas formas,
ese sitio de paso a donde solo vamos a estirar las piernas.




Santiago Sylvester