viernes, 31 de diciembre de 2010

los siete mensajeros

Desde hace un tiempo, se despierta en mí por las noches una agitación insólita, y no es ya la nostalgia por las alegrías abandonadas, como ocurría en los primeros tiempos del viaje; es más bien la impaciencia por conocer las tierras ignotas hacia las que me dirijo.



Dino Buzzati

miércoles, 1 de diciembre de 2010

la última lluvia

la lluvia puede terminarse, pero espera horas, días, incluso meses hasta que se quede impregnado el olor a agua y a inundación. por eso la lluvia ya está decidida a acabar y no lloverá más en este otoño.
somos muchos los ahogados

sábado, 20 de noviembre de 2010

hacerse el loco

Mi amigo Wilfredo pasea unas horas cada mañana, desde el día que le pararon de su puesto de comercial en una empresa isleña. Es un gran conversador. Uno de esos insulares que conoce a un millón de amigos (también suena desde el fondo la canción de Roberto Carlos). Aparte de sus tantas virtudes, la que ha desarrollado en este retiro forzado es detectar a antiguos amigos con quien poder charlar. Pero también se entretiene observando la manera en la que muchos conocidos lo evitan justo cuando pasan a su lado. Una vez dentro de su trayectoria (en su misma dirección), quiebran el camino o giran la cabeza para no topárselo de frente. Wilfredo no se enoja y poco le afecta ya. Todo lo contrario, se ven las cosas más inverosímiles, y como él dice -adoro ver cómo se hacen el loco. En Canarias hay una particular manera de evitar al otro en el camino, y aún así, salir airoso del encuentro. Muchas son las fórmulas. Me describe al que mira concentrado un escaparate, al que saca el móvil, quien tuerce en la primera calle o entra en un comercio, como si se protegiera de un asalto inminente. Porque en una isla el encuentro es mucho más común que el desencuentro. Pero aún así, el insular desarrolla una destreza especial que pueda evitarle saludar a otro insular del que ya no le interesa casi nada. Mi amigo Wilfredo sabe ahora que está condenado a ir contabilizando a todos aquellos que lo evitan, que se hacen el loco, con la finura del que se salta un acto protocolario con ingenuidad y no con alevosía. Él es feliz igualmente. Es un gran conversador. Ahora me explica que se ha convertido en vigilante de las nuevas costumbres de la ciudad. Qué cosas.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Por qué

Y por qué no buscar siempre
lo que es parada en un camino,
lo que hay de otoño en un verano
lo que hay de ardiente en lo más frío,
lo que sonrojo de unos labios,
lo que es Recuerdo en el Olvido,
lo que es pregunta en la respuesta,
lo que es jadeo en un suspiro,
lo que es vital de esa alegría,
de esa tristeza en que vivimos



Elvio Romero

viernes, 29 de octubre de 2010

Los mil amigos

¿Cuántos amigos puede tener un canario? Mil, cien mil, doscientos mil… Puede alcanzar más de un millón, soñaba Roberto Carlos. Así es. Y esos amigos que no has visto, que tú no sabes si existen o no, pueden confirmarte cada historia que el canario cuenta. No sirve de nada hacerle ver al señor Robayna que da lo mismo si ese amigo es director, arquitecto o príncipe. “Sentir calor de una mano amiga” continúa Roberto Carlos. Dice: yo tengo un amigo que tiene…, un amigo que me dejaun amigo que va siempre a…; y mientras lo pronuncia hace un gesto sonriente. Pero no se atreve a contar el origen de esa amistad. Porque -solo ellos- pueden tener amigos en la cafetería donde desayunan, en la autoescuela (pese a llevar siete años sin pisarla), o aún más, en la casa del vecino. Yo tengo una amigo que viaja mucho…, mi amigo me contó que…, pues mi amigo, que sabe de eso… El amigo del isleño es como una navaja suiza, y lo mismo sirve como testigo que como culpable, como abogado defensor o científico, policía, médico… Hasta puede inventarse una profesión nueva. Así aparecen y desaparecen estos amigos misteriosos del insular. Robayna no para de contar en la cafetería lo que sus amigos le consiguieron o lo que supo de aquel tema gracias a ellos. Yo lo escucho desde la otra mesa y le miro con admiración. También quiero tener un millón de amigos. Me pregunto entonces si ahora puedo considerar al señor Robayna como uno de esos amigos… Tengo un amigo que me dijo… Pienso.

domingo, 24 de octubre de 2010

Viaje a Portugal

No es verdad, el viaje no acaba nunca. Solo los viajeros acaban. E incluso estos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos (...). Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.



José Saramago

sábado, 4 de septiembre de 2010

un lugar desconocido

Leyendo un artículo de Bryce Echenique en el que narra sus viajes por Europa y a lo largo del mundo, el peruano cae en la cuenta de que todavía no conoce Cuzco ni la mayor parte del altiplano de su país. Me puse a pensar entonces en las dos islas que todavía no había conocido. Ignorante, he puesto chinchetas en cada uno de los países y de las ciudades que he pisado. Europa es ahora un mapa multicolor, pero en el mapa del archipiélago no imagino La Gomera ni el Hierro, y solo me hago una idea de postal del patronato de turismo. Algo avergonzando le comento mi falta a mis amigos, a lo que uno responde que no conoce tres islas, otro solo ha visitado Tenerife, y los más han veraneado en Fuerteventura (como dicta la tradición canariona). Lo mismo responde desde Tenerife mi amigo Santana, “oí que Lanzarote era la más rara de todas, a ver si encuentro tiempo y me doy un salto”. Por ahora solo conoce Gran Canaria y La Gomera. Un familiar de Fuerteventura me comenta que viaja mucho, que ya conoce Europa del Este y tiene ganas de recorrer Centroamérica, me habla de no sé qué belleza eslava y del calor del Caribe, pero acaba confesando que no conoce La Palma ni La Gomera, y añade que no cree que las conozca nunca. El último amigo al que pregunto, reconoce que al canario ya no le interesa lo que tiene al lado, ni lo de “allá arriba” –como decía el poeta-, ni lo de enfrente. El insular tiene más posibilidades para moverse, pero antes que ir a un paraíso natural que todavía conservamos, o a una playa o a una de esas ciudades de arquitectura colonial, decide marcharse lejos. Y Bryce no deja de fustigarse por su falta. Pero así también somos los insulares. Nosotros, excusándonos en ese mar que nos desune, regresamos a la isla con el orgullo de los nuevos parajes visitados, diciendo lo extraño que son los pueblos de Francia. Me avergüenzo. Cuándo ocurrirá que contemos lo mucho que nos gustó el paisaje de La Palma, lo increíble que es el verano en el Hierro, o lo hospitalaria que es la gente en Puerto Lajas.

jueves, 2 de septiembre de 2010

espacios humanos

Y sin embargo hay hombres,
hombres en todas partes,
sobre todo en la tierra.



Joaquín Gianuzzi

sábado, 7 de agosto de 2010

postales mexicanas

La ciudad de México se va hundiendo desde hace años, desde que fue fundada la mítica tenochtitlan sobre el lago de texcoco, en el centro del país. Y los geólogos comprueban su ritmo de enterramiento anual calculándolo en un metro por década. O sea, que el chilango y el extranjero pisan una ciudad que se los va tragando y que, para sostenerse, debe recolocarse justo encima de otros espacios ocupados hasta ese momento. Así la idiosincracia del mexicano de la capital más grande de América se forja en un territorio inestable que ve cómo se le van cayendo sus palacios, se le tuercen las iglesias o sus casas coloniales, y que por pura supervivencia trata de rellenarlas inyectándoles cemento. Ante todo ello lucha el chilango, contra una ciudad que desaparece y se sobrepone verticalmente y contra una distancia horizontal inabarcable; sus horas de camino o en el metro y su lucha cuerpo a cuerpo para que los demás no le ahoguen en esas lagunas que ya no existen porque se han transformado en kilómetros y kilómetros de gente paseando de un lado a otro de su horizonte.

viernes, 25 de junio de 2010

por el mundo

"Estar solo en la isla. Mirando las lejanas costas inexploradas o los incomunicables seres desconocidos, amigos o enemigos potenciales, que miraba a lo lejos"



Arturo Uslar Pietri

martes, 8 de junio de 2010

un día en una cafetería

en la cafetería donde pasa los fines de semana hay siempre un puñado de italianos y de estudiantes tunecinos mirando por la ventana, en una barra colocada junto a una inmensa cristalera. a veces conversan entre ellos o se quedan clavados durante horas mirando lo que ocurre fuera de la cafetería.
siente la curiosidad por conocerlos, por distraerse con ellos con esa mirada concentrada hacia la calle. pero lo verdadero es que cada grupo permanece fijo en su asiento y en su taburete. unos están cerca de los otros y de él mismo, pero rotundamente alejados.
imagina que por su cabeza se les pasa la misma idea que a él cuando los ve en la cafetería. sabe que le observan tímidamente cada vez que llega a la parte de la cristalera que le corresponde. ¿qué hace solo durante horas, bebiéndose un par de capuccinos, leyendo y escribiendo en un cuaderno? sabe que cuando abre el cuaderno sienten la curiosidad de leer lo que escribe. ¿acaso -piensa él- no mira también por una ventana?

sábado, 29 de mayo de 2010

viaje por el mundo

el hombre moderno tendrá la sensación de poder habitar todos los espacios y todos los tiempos



José Yeray Rodríguez

jueves, 6 de mayo de 2010

el hombre y su lugar

la universidad cumplió noventa años hace pocos días. se prepararon festejos, se leyeron conferencias, se encontraron profesores de todas las carreras. había un ambiente festivo y todo el mundo participaba en algo, sabía exactamente cuál era su tarea. algunos se ocuparon de organizar comidas o ponencias sobre los años de historia de la facultad, incluso hubo alumnos ensayando para un concierto homenaje.
pero me impresionó ver la figura del señor Popicka inalterable. su cara arrugada, sus párpados pesados tapándole casi por completo las cejas, las manos ennegrecidas. inmutable. sentado en la puerta de su cuarto, junto al armario, seguía en ese cubículo de pocos metros esperando que algún profesor se acercara a pedir que le lavara el coche, que alguien lo mandara a la estación de tren a por algun paquete.
en el hall de la facultad el señor Popicka forma parte del mobiliario. trabaja allí desde su juventud y sigue en la misma posición de la primera vez. como aquel trabajo anterior, hace ya cuarenta años, donde tocaba los botones de un ascensor.
su figura se ha quedado relacionada con este lugar. él significa el pasillo, la entrada, la conserjería, el patio, las llaves de las aulas. es una habitación más de la universidad. el señor Popicka es el elemento imprescindible que une ese espacio con los demás: el sitio más humano del edificio. acaso no deberíamos festejarlo a él y a todos los que como él hacen que los años aquí sigan siendo algo más humanizados...

lunes, 19 de abril de 2010

menos que una distancia

No es raro que lo que más deseamos esté al lado mismo de nosotros y, sin embargo, no sepamos cómo acceder a ello. Personas que duermen juntas viven a miles de kilómetros y personas separadas por océanos se encuentran la una al lado de la otra. No sabemos qué cosas unen y qué cosas separan.



Juan José Millás

domingo, 21 de marzo de 2010

algún detalle en la extranjería

escribo siempre en un tipo de cuaderno de anillas, de tapa dura (no me importa el color) y con las páginas completamente blancas. puede llegar a ser una manía, si no lo es ya; conforme pasa el tiempo desarrollo un mayor repudio por todo aquel cuaderno que no cumpla las normas. debe ser así o nada, de lo contrario no puedo escribir, no me sale, me para, casi diría que de repente sufro un vacío y el poema, la historia o la idea se marchan lejos.
pese a tratarse de una manía no es tampoco una manía insoportable, ni resulto ser alguien demasiado caprichoso, pero todo me descoloca cuando vuelvo a Rumanía, o acaso me doy un salto a Francia. en ellos he tenido experiencias atroces en la búsqueda de algo tan simple. resulta complicadísimo. las anillas en los cuadernos están en peligro de extinción y cuando logras encontrar alguna siempre las páginas a rayas o con cuadritos se ocupan de mi desengaño. a Francia le sucedía algo peor puesto que solo en tiendas del tipo: artesanía de Amelie podías encontrar el dichoso objeto, a un precio exorbitante.
ni en uno ni en otro país he conseguido encontrar nada que me guste. pero compruebo con asombro cómo en cualquier papelería de barrio de Canarias y de la Península se puede encontrar ese tipo de cuaderno, de páginas blancas, con anillas de alta o de baja calidad y tal vez con la tapa dura y de un precio más que razonable. a veces me planteo si podría hacer un documento sociológico con todo este material, no sé.
me pregunto si con un cuaderno de líneas y de cuadritos sería capaz de escribir este tipo de comparaciones tan absurdas, o si acaso me sentiría tan libre.
y aún más: ¿un francés o un rumano se sientirían tan oprimidos en la inmensidad de la página blanca?
es algo que no dejo de pensar.

jueves, 11 de marzo de 2010

de Calles

Un poco de cordura para vivir como quien viaja
hasta desinfectar la memoria en
el aire que expulsamos.

Hasta
lograr, si
se logra, la palanca instrumental: una morada propia,
que será, de todas formas,
ese sitio de paso a donde solo vamos a estirar las piernas.




Santiago Sylvester

jueves, 25 de febrero de 2010

de una estación a otra

es cíclica, pese a que un canario no sea capaz de reconocerla; sucede cada año, entra tímida en los últimos minutos del invierno, como si hubiera demasiada profundidad en el frío o temiera ver sus brotes verdes envueltos en alguna helada. así circula, un día tras otro, esconde su luz, luego aparece, cae su lluvia, luego vuelve a dejar paso a la nieve.
en Rumanía el invierno no da lugar al mínimo error, no facilita las cosas, y es mejor ser prudente. el invierno sigue cubriendo de hielo la mayor parte de las casas, por mucho que todos estemos soñando con tomar el café en una terraza, por mucho que la temperatura siga avanzando, queda esa presencia de la estación que domina y que permanece.

aunque todo parece haberse vuelto a transformar, es mejor seguir a la espera.

martes, 16 de febrero de 2010

séptima forma de melancolía

Llegar a alguna parte no significa
abandonar otra parte.
Arraigar en un país no cura las heridas
del país que abandonamos.
Balbucear otras lenguas no
nos impide balbucear la nuestra.
La palabra que elegimos
no borra la palabra que ocultamos.


Eduardo Chirinos

martes, 26 de enero de 2010

país homologado...

una amiga uruguaya me pregunta si cluj está homologado... me cuenta que para ella existen los países homologados y los no homologados, y que estos últimos son más interesantes, aunque sé que quiere decir surrealistas.
viví muchos años en francia, donde todo aparentaba funcionar bien y aunque así no fuera se implicaban en parecerlo. allí parece ser perfecta la lentitud burocrática, el pésimo transporte público, las relaciones con el cliente..., y ellos mismos se lo creen.
en rumanía la homologación va entrando con una autocrítica exagerada ya que el rumano se fustiga, se queja y se lamenta de la desorganización que existe en su país. se sorprenden cuando les señalo la cantidad de similitudes que tenemos en españa, la cantidad de cacas de perro que he pisado en francia, lo peligroso de la circulación italiana, la frialdad nórdica..., pero ellos siempre consiguen sentirse los últimos, los escombros, los peores...
la idea del país homologado me hace pensar una y otra vez en donde están sus límites, a mí me parece que un país siempre está haciéndose y necesita para ello un margen de mejora, éste tiene la suerte de no estar homologado y ese margen de mejora es solamente suyo, por lo que ocurra lo que ocurra no tiene un horizonte igual a los otros, ni debe compararse...
un país homologado, a fin de cuentas, es un decorado absurdo donde cada gesto está virtualmente controlado y no cabe en él nigún tipo de improvisación...
me encanta rumanía

lunes, 11 de enero de 2010

entre raices y piernas

Los humanos son animales, no plantas; tienen piernas, no raices. Si no se les ata, se dispersan, siguiendo los caminos de la oportunidad, el interés y la curiosidad. El futuro es de las diásporas.


Jesús Mosterín