martes, 18 de agosto de 2009

conversación isleña

-la llevamos a cualquier sitio, -continuó- es un equipaje del que no te puedes separar. sencillamente, sacártela en una sola vida no se puede, el que es isleño debe pasar unas cuantas generaciones hasta que algo cambie.
-pero hay gente que nació aquí y pasa más de la mitad de su vida en el continente...- respondí aturdido.
-por mucho que lo intenten seguirán llevándose la isla a todas partes. aunque no se den cuenta, amoldarán las ciudades o los países, incluso las calles, hasta conseguir la sensación de seguir en una isla: una profunda isla rodeada de otro mundo, lo mismo da que sea un océano o un barrio o una autopista. todo lo que no sea tu buhardilla, o Toulouse en este caso, se convirtió en millones de archipiélagos, porque aunque no lo aceptes tienes siempre una mirada de isla. por eso conseguiste encontrar tu isla en Toulouse, y en ti está que lo aceptes, además..., convivir con esta idea lo llevas haciendo sin darte cuenta, algo más de cinco años -concluyó wilfredo la última vez que fui a visitarlo a Las Palmas.

sábado, 8 de agosto de 2009

de Las ciudades son como abrigos

Existen ciudades en las que me siento un poco intervencionista. Algo me obliga a intervenir todo el tiempo. Quitaría esto, acortaría lo de más allá, o alargaría aquello, y aquello otro lo alisaría un poco. En estas ciudades me siento como un alcalde autoproclamado.
Existen ciudades cuya antigua belleza hace que se me salten las lágrimas. Una de ellas es San Petersburgo. Existen ciudades que me galvanizan, elevan el nivel de adrenalina en mis venas y enturbian mi mirada. Esa ciudad es Nueva York.
Existen ciudades ceñidas por un río, si quitas el río la ciudad se convierte en una mancha indiferente. Así es Belgrado. Existen ciudades cuya belleza reside en la promesa de la costa y del océano, quita la promesa y quedará apenas un megaoasis. Así es Los Ángeles. Existen ciudades que unen cosas incompatibles como son el poder y la melancolía. Esa ciudad es Berlín. Existen ciudades que solo necesitan un leve maquillaje para incluirse entre las ciudades más bellas. Así es Budapest.
El ojo observador reconoce la belleza de una ciudad. Y ya se sabe: tantos ojos, tantas bellezas.



Duvravka Ugresic