sábado, 27 de junio de 2009

no todas las ciudades son iguales

En aquel momento pensó que una ciudad podía ser muchas ciudades a la vez.

No es importante decir cuál es la ciudad que le sirvió de experimento porque creo que nunca fue la misma, y si lo fue, solo podría distinguirla porque las calles y la gente de aquel barrio se parecían de forma inquietante.
El resto se transformaba cada año, cambiando la mayor parte de los recuerdos que había tenido con anterioridad. Y la manera en que la ciudad iba transformándose iba íntimamente ligada a la manera en la que él iba viviéndola.
El primer contacto fue el descubrimiento o el extrañamiento, diría algún escritor. Con ese velo en los ojos tenía serias dificultades para entenderlo todo. No obstante, pese a su estado inconsciente, primaba la inercia de las cosas que podían ir pasando sobre cualquiera otra sensación.
El segundo año suponía una realidad alterada por momentos de abatimiento y por un profundo euforia.
El tercero consistía en la asimilación del tiempo y de la gente del lugar, significaba que resistía, que seguía allí aunque los otros vinieran o se marcharan; poco a poco y sin casi darse cuenta iba saludando a todos los comerciantes de su barrio.
El cuarto y el quinto, serían similares pero profundamente distintos, debido en parte, a las condiciones laborales. Podía vivir ahora igual que la gente del centro de la ciudad, y su miseria se había transformado en un agradable sosiego.

Ninguno de los cinco años había recorrido la misma ciudad y en ninguno de ellos se había sentido igual. A veces creía que había conocido todo el continente durante este tiempo.
No le había hecho falta moverse para entender que el mismo sitio podía multiplicarse hasta parecer un lugar infinito.

viernes, 5 de junio de 2009

mudanzas

No ser nunca quien parte ni quien vuelve
sino algo entre los dos,
algo en el medio;
lo que la vida arranca y no es ausencia,
lo que entrega y no es sueño,
el relámpago que deja entre las manos
la grieta de un piedra.


Eugenio Montejo