sábado, 28 de marzo de 2009

Casas

Por más que me esforzara en quedarme en los lugares que me tocaba vivir, siempre me estaba yendo; había un plazo interno de partida que no me dejaba margen para instalarme; este plazo era permanentemente prorrogado, puesto que en muchos sitios me quedaba largo tiempo, y no significaba la inacción: llegaba, me ubicaba con facilidad; no pasaban unas horas y yo estaba acomodando las mesas, las sillas, poniendo algo en las paredes, en los cajones, en los estantes, pero pese a esa adecuación instantánea, algo misterioso me impedía sentir que allí estaba, que ese espacio en orden era mi casa (...)
En las nuevas pesadillas se erigió la casa futura: siempre era inconclusa, sus cuartos siempre tenían puertas que daban a otros recintos aún sin explorar pero que alguna vez serían incorporados; y esa casa era posible, más allá de los muros verdaderos, crecía invitándome a recorrer pasillos oscuros y a subir escaleras que de repente se tronchaban, como las galerías de la existencia misma, y las habitaciones quedaban entonces aisladas, fuera de orden y de serie, pero eran atractivas pues se suponía que en ella estarían los objetos y los muebles perdidos.


Tununa Mercado

sábado, 21 de marzo de 2009

sin cebollas en primavera

el invierno se ha terminado en este lado de Europa, y con él desparece la mayor parte de los abrigos que había en cinco kilómetros a la redonda. de pronto, la gente de Toulouse se ha desenredado las bufandas, quitado los guantes y los polares, y guardado en el armario las camisetas térmicas. es la hora del corazón de las cebollas. ya no quedan capas, ni cáscaras, ni siquiera un caparazón de cuero o una manta de colores que acompañaba las películas en mi buhardilla.
el invierno, con su frío homogéneo que nos iguala a todos, ha dado paso a la luz y a un sol un poco pegajoso. aquel que usaba pasamontañas ahora viste un gorro rastafari que le deja escapar unos dreadlocks, la amelie que en el frío coloreaba su bufanda es ahora la hermana francesa de Agatha Ruiz de la Prada con trajes excéntrico de "oda a la primavera", el obrero ha escondido su mono para sacar sus brazos tatuados en las paredes que limpia y pule junto a mi casa, el mendigo ya no espera a que el camión de las asociaciones benéficas lo habitúe...
vino la primavera, hemos pelado la cebolla del invierno y aparecen las rarezas, los extremos, las influencias, las limitaciones. todo aquel que vivía enfundado en un armadillo, que se vestía hasta las orejas intentando pasar desapercibido por su falta de coolismo, ahora tirita en casa, pensando en qué color le hace falta para pasar nuevamente desapercibido. sin pedazos de cebolla, llora y lamenta no haber nacido innovador, ser poco resultón, por no seguir el camino de lo último, tal vez con una rata en el hombro, unas gafas de aviador, o por qué no con una buena corbata que atraviese el pecho desnudo al salir a la calle...
esperemos que el verano con su falta de atuendo nos equilibre en la playa. allí, sin cebolla o con cebolla, las ganas de llorar son las mismas por todas partes.

jueves, 12 de marzo de 2009

dónde

Comencé a explicarle el mundo
y sus fragmentos desiguales,
sin poder contarle
cómo a veces no cabemos
en ninguna parte.


Nidia González

lunes, 2 de marzo de 2009

entre el lejano y el ajeno

la letra del lejano dibuja la calle y escribe mientras retuerce la hoja del cuaderno dice caras que hablan paseos de una hora silenciosa como invadir la tarde por una de las orillas junto a la calle del ajeno la calle enfocada en los océanos recita que el viaje del lejano y la otra vida no son un mundo de los hombres ni una distancia