viernes, 30 de enero de 2009

un punto de vista

Cuando salgo a la calle pienso en las palabras que me dijo wilfredo antes de que se marchara a la isla. Aquella última conversación en el café de la Concorde, - ¿y qué te sugería Francia antes de venir?-.
Lo último que hicimos fue criticar un poco Francia, wilfredo quiso dibujar un lienzo completo de todo lo que vio, hasta analizarlo en una tarde. Habló durante horas, hablamos de todo como si fueramos dos franceses que querían resolver el mundo en una cafetería, mientras fumaban unos cigarrillos y se miraban a la cara con el gesto estrecho y filosófico (menos mal que ya no se puede flotar en aquellas nubes de humo). -¿Qué cosa representaba para ti el país?- continuó.
-Imaginaba la baguette y el croisant, la camisa a rayas y las piernas cruzadas de esos tipos estilizados y afeminados que caminan por las calles con los pañuelos a un lado. En la cabeza se me presentaban sus conversaciones por el barrio latino. Sus pintores, pegados a las plazas de Montmartre...
- Sí, sí, sigue sigue...- Me alentaba wilfredo.
-Me gustaban sus mujeres, me impresionaba el idioma carameloso y vibrante, e incluso el acordeón o el jazzmanuche. No sé...
-Muy bien- cortó - ¿sabes...?, antes de visitarte tenía eso en la cabeza, muchos estereotipos habían ido componiendo mi boceto del país, había hecho un fresco urbano. Aunque fuera un país que tenía bien lejos, a través de libros o películas, creía conocerlo. Pero ahora es distinto. Ha perdido su halo de misterio. Como todos los lugares, tiene sus virtudes y sus defectos, pero tiene defectos y eso es evidente. Y no es únicamente el chovinismo del que hablan en la península (donde, por cierto, odian a los franceses como nunca han hecho los canarios, que se sienten tan alejados de los franceses como de los españoles). No, es otra cosa. A veces es su egoísmo y a veces es su amargura.
- Pero si por acá hay gente que camina sonriendo... - añadí.
-Ya, sí... Bueno, hay de todo y es cierto que es imposible generalizar, pero es esa amargura de su cara. No se ve facilmente. Tal vez por la falta de arrugas, parece que la alegría o la tristeza no les hubiera dejado cicatriz ¿me entiendes? O es ese respeto excesivo por el otro durante la semana, y la explosión de gritos, alcohol y locura, que tienen los fines de semana. Se les suelta el corsé y ya no hay quien les aguante...
-También hay cosas buena - decidí salir en la ayuda de mis anfitriones-, dónde encontrarás las cafeterías y el placer por la lectura, en otro lugar del mundo... Y la comida...
- No, si no te lo niego... es que me da rabia las cosas que oigo en otros lugares acerca de los franceses, por ejemplo: solidarios, comprometidos, luchadores, reflexivos... Me parece que han tenido la suerte de su lado, han sabido construir un estereotipo y venderlo por el mundo como si el europeo occidental fuera un francés que todo lo arregla, no participando en la guerra de los gringos, pero qué carajo.
- ¿Qué?
- Que la mitad de África les pertenece todavía, aún conservan bases militares en muchas de sus excolonias... Si es que odio la demagogia de algunos...
-Bueno, bueno, déjalo -intenté parar la conversación - que al final no vas a disfrutar de tu último día acá. Apúrate el café que tenemos que volver a casa.
- Sí, mejor... Es que este país me contraria - aquí nació la reflexión de todos mis paseos posteriores- me encanta y lo odio, no lo soporto y lo necesito, no sé bien porqué y esa incertidumbre me descoloca. Igual volveré a visitarte. Tomaré mi tiempo, mejor es ir cambiando de lugares e ir visitando amigos a sí uno se da cuenta de cuál es el que le tira más.
- Sabes que si sigo aquí serás bien recibido, pero no te prometo nada...
-Ya, si no estás tendré que ir a conocer otra parte.

jueves, 15 de enero de 2009

el náufrago sale

Quien sale quiere quedarse todavía bondadosamente. Todavía. Hace todo por quedarse. Lo ve. No se sabe cómo. A tientas casi. A tientas. Volví para quedarme ¿entiendes? Ni siquiera debes entenderme mucho. Es difícil. Me quedaré por aquí algún tiempo razonable. Todo esto es una larga despedida. Otro lenguaje. No lo sé. Bien lo sé.




Manolo Padorno

jueves, 8 de enero de 2009

trayectos

A naja

lo que vuelas yo lo vuelo de todos modos y lo recorremos dependiendo de la hora en un avión el encuentro o en el barco azul que inventa islas como equipajes figuras entre los dos refugios el tren de la tarde que pasa mientras hablamos uno a uno al espejo y los andenes de color o las calles abiertas el cuerpo de ambos que viaja escupido de los árboles nos separa y repite en cada ciudad o cada espera que nuestro vuelo es una sombra metida en una naranja