jueves, 17 de diciembre de 2009

postales desde cluj II

estoy convencido de que los rumanos han adquirido una mayor capacidad sensorial a lo largo de los años, no sé si el sexto sentido o el séptimo, o una unión extrema de los cinco que tenemos por naturaleza. éste aparece cuando se ponen a los mandos de un coche (sorprende la rapidez con la que asimilan la conducción de cualquier coche que no sea el suyo) tanto el rumano como la rumana -lo mismo da- conectan su nivel de adrenalina, de atención, de riesgo, de locura, de surrealismo, y con la protección de ese nuevo sentido se echan a la carretera. es señalable que la carretera merece una postal aparte. esta habilidad adquirida tiene numerosas utilidades, por ejemplo: ante una curva en carreteras de montaña con una niebla de densidad muy alta, y una fila de 4x4 intentando adelantarte, frente a un peatón que atraviesa la carretera por la noche vestido de negro, un bache de 20 cm de profundidad, un perro o la jauría al completo, un carro tirado por caballos, un camión que necesita adelantarte en la mismísima entrada de un pueblo...
me pregunto si el origen de este superpoder lo aprenden en la "scoala de soferi" o si se hereda genéticamente. no sé...
por mi parte es bastante complejo acostumbrarme a todas las normas, o sea acostumbrarme a que no hay norma. en la ciudad he ido avanzando, ya cometo las infracciones necesarias para hacerme pasar por rumano, y pese a que tengo una matrícula de barcelona (eso significa poco porque hay muchos coches matriculados en el país) siento que estoy integrado y que me pitan lo mismo que a los demás. un caso aparte es la salida al campo abierto, el maravilloso mundo de las carreteras nacionales rumanas. es ahí donde noto mis carencias, me falta algo, en cuanto me adelanta un coche y estamos a punto de estrellarnos no mantengo la calma, cuando casi atropello a un ciclista sin nada reflectante por la noche me inmuto, si no veo el agujero en el asfalto y no contravolanteo como un piloto de rally siento desasosiego.
reflexiono sobre si la solución es volver a la autoescuela aquí o directamente pagar el billete en una guagua y sentarme detrás con los ojos cerrados esperando a llegar a destino, o si abandono todo lo que tenga que ver con el asfalto y me dedico a la calma de los raíles (también en rumanía el tren merece una postal aparte).
me aterrorizo cuando tengo que salir de Cluj, me gasta tanto la tensión de 50km... y digo yo, ¿quién me mando a mí a venir en coche a un país sin DGT?

sábado, 21 de noviembre de 2009

diálogos en alta mar

Capitán: ¿Qué le pasa, señorita?
Sirvienta: Estoy conmovida, Capitán. ¡Ah, si usted supiera! Cuando yo vivía en Buenos Aires y no había recibido la herencia, para distraerme iba a las estaciones... Viajaba en tren... Naturalmente...., viajes cortos..., media hora... Me parecería que me iba muy lejos..., no sé adónde. Tenía la impresión de que el tren sólo podía parar en una estación donde hubiera casas en que todo el mundo era feliz.
Capitán: Es muy instructivo viajar.






Roberto Arlt

lunes, 9 de noviembre de 2009

postales desde cluj I

en el semáforo aquella familia me producía piedad y ternura.
sus vidas no habían circulado por ningún camino parecido al mío.
aquella pareja dentro de su coche Dacia de los años setenta seguía aferrada al volante con fuerza, apretaban sus manos cuarteadas en el campo para no dejarse llevar por una marea que ya había arrastrado a la mayor parte de su familia...
y contra la cuál ellos tenían la intención de resistir.

martes, 27 de octubre de 2009

en una ciudad

Hay personas que pueden vivir treinta años en una ciudad y actuar como si estuvieran de paso, en permanente provisionalidad, parece que se esfuerzan por pisar despacio para no dejar huella de su presencia. Hay personas que son capaces de cruzar la vida sin mancharla y sin ser manchados por ella.




Isaac Rosa

viernes, 16 de octubre de 2009

un escritorio en una isla

Dice Máximo Manso, pseudónimo del poeta canario Alonso Quesada, que el ciudadano isleño que tiene un escritorio es un hombre terrible. Yo soy isleño y por supuesto tengo un escritorio. En la esquina de mi casa. Luce impoluto, desordenado, con lápices y hojas sueltas y una pila de libros. Delante de la silla de oficina. El escritorio domina la habitación. Mi hogar es un cuartucho pequeño. Me enternece mirarlo y figurarme que no puedo salir de él. Mi escritorio es mi casa. Mi escritorio forma parte del edificio. Mi escritorio es la isla de donde vuelvo cada noche, terrible, dispuesto a resistir continente adentro.









martes, 29 de septiembre de 2009

Indianos

Pero el sueño de estos viajeros es una llanura inmensa, solitaria, como el mar, que ha de brotar al término del viaje, ante sus ojos, para que sus brazos la acaricien. El gemido se diluirá en las sombras... Habrá estrellas todas las noches. Pero cuando retornen a la patria serán solamente unos hombres pintorescos




Alonso Quesada

domingo, 20 de septiembre de 2009

algunas postales sin escribir

de Munich:
la idea de ser extranjero en otra ciudad. hay un turista que señala al avión y otro en uniforme que vigila el control de aduanas. huele a cerveza porque en el oktoberfest el carrillón de la plaza parece dar vueltas en sentido inverso. me encanta la salchicha con queso por dentro que venden en un puesto junto al estadio olímpico, pero es imposible pronunciar su nombre.

de Lisboa:
y si nos quedáramos más tiempo, da igual el avión, da igual el día, podemos subir a Alfama y desde allí volver al mar. aprenderemos la receta del pastel de nata o la fórmula del gallo pluviómetro. podríamos fingir ser muchas personas distintas.

de Valdivia:
debajo de la lluvia todo sigue, junto a los leones marinos todo sigue, en las calles llenas de charcos todo sigue, junto a la hierba que crece en los adoquines todo sigue, en medio de esa avalancha de taxistas que discuten empapados en el mercado todo sigue, en las aulas de la universidad austral... la lluvia pese a todo, sigue imperceptible como un escenario natural.


jueves, 3 de septiembre de 2009

tránsito

La desaparición de las calles, de las aceras, es la consecuencia lógica de la supresión de los pasillos. En los dos casos se trata de eliminar la sensación de tránsito, que no es económicamente rentable.




Juan José Millás

martes, 18 de agosto de 2009

conversación isleña

-la llevamos a cualquier sitio, -continuó- es un equipaje del que no te puedes separar. sencillamente, sacártela en una sola vida no se puede, el que es isleño debe pasar unas cuantas generaciones hasta que algo cambie.
-pero hay gente que nació aquí y pasa más de la mitad de su vida en el continente...- respondí aturdido.
-por mucho que lo intenten seguirán llevándose la isla a todas partes. aunque no se den cuenta, amoldarán las ciudades o los países, incluso las calles, hasta conseguir la sensación de seguir en una isla: una profunda isla rodeada de otro mundo, lo mismo da que sea un océano o un barrio o una autopista. todo lo que no sea tu buhardilla, o Toulouse en este caso, se convirtió en millones de archipiélagos, porque aunque no lo aceptes tienes siempre una mirada de isla. por eso conseguiste encontrar tu isla en Toulouse, y en ti está que lo aceptes, además..., convivir con esta idea lo llevas haciendo sin darte cuenta, algo más de cinco años -concluyó wilfredo la última vez que fui a visitarlo a Las Palmas.

sábado, 8 de agosto de 2009

de Las ciudades son como abrigos

Existen ciudades en las que me siento un poco intervencionista. Algo me obliga a intervenir todo el tiempo. Quitaría esto, acortaría lo de más allá, o alargaría aquello, y aquello otro lo alisaría un poco. En estas ciudades me siento como un alcalde autoproclamado.
Existen ciudades cuya antigua belleza hace que se me salten las lágrimas. Una de ellas es San Petersburgo. Existen ciudades que me galvanizan, elevan el nivel de adrenalina en mis venas y enturbian mi mirada. Esa ciudad es Nueva York.
Existen ciudades ceñidas por un río, si quitas el río la ciudad se convierte en una mancha indiferente. Así es Belgrado. Existen ciudades cuya belleza reside en la promesa de la costa y del océano, quita la promesa y quedará apenas un megaoasis. Así es Los Ángeles. Existen ciudades que unen cosas incompatibles como son el poder y la melancolía. Esa ciudad es Berlín. Existen ciudades que solo necesitan un leve maquillaje para incluirse entre las ciudades más bellas. Así es Budapest.
El ojo observador reconoce la belleza de una ciudad. Y ya se sabe: tantos ojos, tantas bellezas.



Duvravka Ugresic

martes, 21 de julio de 2009

ciudades invisibles

las ciudades que no son, las que no se sostienen pero resisten, una vez erguidas dejan de crecer y van cayendo hacia adentro, hasta la base donde nacieron. las que poco a poco vuelven a salir en otra parte y no están, pero siguen porque nunca se marcharon. las ciudades que lo dejan todo fuera, las que son tan diminutas que parecen transparentes, las que se levantan entre la gente justo después de tocarse.

viernes, 10 de julio de 2009

no se sabe hacia dónde...

se dio cuenta de que la vuelta era realmente la ida en más de un sentido



Julio Cortázar

sábado, 27 de junio de 2009

no todas las ciudades son iguales

En aquel momento pensó que una ciudad podía ser muchas ciudades a la vez.

No es importante decir cuál es la ciudad que le sirvió de experimento porque creo que nunca fue la misma, y si lo fue, solo podría distinguirla porque las calles y la gente de aquel barrio se parecían de forma inquietante.
El resto se transformaba cada año, cambiando la mayor parte de los recuerdos que había tenido con anterioridad. Y la manera en que la ciudad iba transformándose iba íntimamente ligada a la manera en la que él iba viviéndola.
El primer contacto fue el descubrimiento o el extrañamiento, diría algún escritor. Con ese velo en los ojos tenía serias dificultades para entenderlo todo. No obstante, pese a su estado inconsciente, primaba la inercia de las cosas que podían ir pasando sobre cualquiera otra sensación.
El segundo año suponía una realidad alterada por momentos de abatimiento y por un profundo euforia.
El tercero consistía en la asimilación del tiempo y de la gente del lugar, significaba que resistía, que seguía allí aunque los otros vinieran o se marcharan; poco a poco y sin casi darse cuenta iba saludando a todos los comerciantes de su barrio.
El cuarto y el quinto, serían similares pero profundamente distintos, debido en parte, a las condiciones laborales. Podía vivir ahora igual que la gente del centro de la ciudad, y su miseria se había transformado en un agradable sosiego.

Ninguno de los cinco años había recorrido la misma ciudad y en ninguno de ellos se había sentido igual. A veces creía que había conocido todo el continente durante este tiempo.
No le había hecho falta moverse para entender que el mismo sitio podía multiplicarse hasta parecer un lugar infinito.

viernes, 5 de junio de 2009

mudanzas

No ser nunca quien parte ni quien vuelve
sino algo entre los dos,
algo en el medio;
lo que la vida arranca y no es ausencia,
lo que entrega y no es sueño,
el relámpago que deja entre las manos
la grieta de un piedra.


Eugenio Montejo

domingo, 24 de mayo de 2009

otros caminos posibles

al día siguiente despertó con la más que asumida resaca, algo que normalmente le ocurría poco, pero cuando le agarraba solo quedaba resignarse y esperar unas cuantas horas hasta que el trayecto al baño fuera lo sucificientemente corto para sentirse mejor. todo ello permitió que pasara horas y horas en la cama recordando los hechos de la noche anterior: por qué aquellas caras, por qué en el momento de mayor descontrol, por qué únicamente en ese trayecto...
entre Rue de Taur y el Capitol, de camino a su casa, recordó a un hombre barbudo y calvo que le habló unos metros junto al oído con la voz ronca y estropeada, pero en un español cálido de acento canario, aunque no le era fácil acordarse de lo que le decía... tenía todo muy desenfocado y sentía que había ido atravesando la ciudad en una nube.
al otro lado de la place du Capitol, un par de tipos impactados por su estado seminconsciente y su falta de tino se le acercaron a palabrear unas pocas cosas en el español que habían aprendido en el liceo (imaginaba que por su cara y su forma de vestir era fácil reconocer su procedencia)..., recordaba haberse sobresaltado por la voz castellana y rotunda en la entonación de algunas zetas de uno de ellos, y aún más haber retenido sus caras definidas por las orejas deformadas de los jugadores de rugby... tardó unos segundos en zafarse de aquel guineo y ya de lleno en la Rue Gambetta (no podía recordar por cuál de las aceras), en un territorio más estrecho y cercano a su casa, se le acercaron unos franceses de la reunión (eso se le había quedado grabado sin ningún motivo) para preguntarle por la dirección de un bar..., les indicó como pudo, y recordó entonces la poca ayuda que pudo darles; el francés, ese idioma melódico y constreñido le retumbaba en la cabeza haciendo que construyera frases absurdas sin nigún sentido, una tras otra. lo de hablar cuando uno está borracho es un ejercicio delicado, pero hacerlo con uno mismo de camino a casa se convierte en una canción arritmica que va recortando el trayecto .
cerca del pont neuf y ya junto al garona unos cuantos rastafaris se disponían a recoger los bártulos para acampar en alguna parte, cuando uno de ellos le pidió fuego en inglés, sabía que a partir de ahí comenzó una larga conversación con aquellos personajes estrambóticos, de la que retuvo sus orígenes colombiano y argentino, informándose además de que la mejor manera de dormir en toulouse sin que te molesten los CRS es ir a la isla de Ramier y acampar junto a la chabola de Jammel...
todavía una persona más se le cruzó en el camino, de eso no estaba prácticamente seguro pero creía haberlo vivido. tenía la cara pálida y los cachetes anchos, era un tipo alto y estaba poco abrigado, él, con el ritmo del borracho y las manos que no repetían ningún movimiento del cuerpo y casi balanceándose, justo en la rue Viguerie chocó contra el desconocido y se cayó hacia atrás; aquel personaje se mantuvo inmóvil y acto seguido le ayudó a levantarse; se lo agradeció en francés (eso creía) y le contestó en un acento extraño parecido a los de la gente del este, que no había pasado nada. con curiosidad le preguntó de dónde venía y éste le dijo que era rumano, de Timisoara. tiene una ligera idea de aquella supuesta conversación, le dijo que concía su lengua porque había estado varias veces en su país. le resultó curioso haber memorizado su cara de sorpresa ante ese hecho, y que no debía ser muy común para aquel hombre encontrarse a alguien de madrugada que le dijera que podía hablar un poco su lengua y que conocía su país; hablaron unos minutos de los que ya no se acuerda de nada y luego siguió su camino lo mejor que pudo.
no recuerda cuando llegó a su casa, ni sabe por qué no bebió agua antes de acostarte para eliminar la resaca, como dice uno de sus amigos mejor acostumbrado al alcóhol. lo único que conserva son aquellos encuentros y aquellas caras del camino, ni con quién salió, ni dónde estuvo, ni qué bebió. aquella gente extraña la tiene memorizada con total claridad, salvo el último personaje, que por alguna causa se le difumina y no sabe si realmente le sucedió o fue todo inventado. le cuesta entenderlo. le cuesta entenderlo

viernes, 15 de mayo de 2009

mi camino

antes de recorrer mi camino yo era mi camino




Antonio Porchia

martes, 5 de mayo de 2009

escuchando a lo lejos

La televisión francesa es la televisión de lo real, dice un amigo. Te sientas delante del televisor a cualquier hora del día y emiten un reportaje sobre los primeros pobladores del este de Turquía; luego pasas toda la tarde debatiendo sobre el éxodo armenio. Dice que los canales franceses dialogan contigo mientras desayunas, mientras almuerzas, mientras meriendas y mientras cenas. El motivo es reurrente, te arrastran de un tedio diario a un tedio en la pantalla, y contados son los programas que salen de esa verborrea real, política y a veces profunda, hasta llevarte a algún lugar distinto
En la misma conversación, otro amigo me cuenta que para él, curiosamente, la televisión española le parece sacada de un espacio irreal. Está situada más allá de todo lo reconocible; verla le produce una especie de catarsis, le hace olvidarse de todo. -Es tan absurda que te saca de cualquiera de los días de tu vida. Desde que la miras, ya no eres tú.
Por mi parte no sé qué opinar, me he colgado del informativo de tve internacional y veo puntualmente la televisión de aquí. Si tengo tiempo enciendo el aparato: a veces aprendo y a veces me indigno, en francia solo veo mesas, y alrededor de ellas humoristas, filósofos, cantantes, escritores, políticos..., conversan y conversan y conversan sobre cualquier hecho corriente. Incluso parece que me piden una opinión... Por el contrario, cuando paso por españa y enciendo el televisor, no entiendo nada. Pero me encanta no entender nada. No imaginaba echar de menos las entrevistas absurdas y la idiotez extrema a la que someten a los invitados en cualquier programa de variedades, muy distinto del interés cultural de la entrevista elitista francesa.
Antes no sabía cuál de las dos elegir, pero entre una y otra he encontrado la decisión más salomónica posible. Entre la lejanía alienante y la cercanía cansina: la radio, bendito invento. Y agradezco la posibilidad que da el internet, un mundo en las ondas. Carajo, conversar y a escuchar a quien me apetezca oír y hablar. Si hasta un partido de fútbol tiene más interés cuando lo radia Manolo Lama.


lunes, 20 de abril de 2009

la vuelta

Además, resulta ciertamente insultante comprobar lo bien que funciona el mundo sin uno. Mientras el viajero ha estado cuestionando sus creencias más fundamentales, la vida ha seguido su curso sin alteraciones. Los amigos siguen coleccionando cazuelas francesas idénticas y la acacia del fondo del jardín sigue creciendo espléndidamente.


Nigel Barley

miércoles, 15 de abril de 2009

historia puntual

el avión de la bella durmiente

Gabriel García Márquez

el pasillo será largo

e interminable

luminoso tal vez

(un espejo inacabado)

los dos

nos sentaremos lo más lejos posible

no nos conoceremos

no nos hablaremos

ni siquiera nos habremos visto

unas horas solamente

unas horas

metidos en la misma butaca

con un brillo abierto

y las piernas entumecidas

se oirán ruidos de otros

caricias de otros

silencios de otros

pero tú y yo

permaneceremos comunicados

líquidos o invisibles

seguiremos adivinando

los gestos que no están

y las caricias

iremos regresando

invisibles y absurdos

esperando el aterrizaje

somnolientos

tendremos

la expresión

de haber dormido juntos

esperando

que alguien

nos despierte

esperando

que ninguna luz

nos apague

hasta que paremos

de volar

sábado, 28 de marzo de 2009

Casas

Por más que me esforzara en quedarme en los lugares que me tocaba vivir, siempre me estaba yendo; había un plazo interno de partida que no me dejaba margen para instalarme; este plazo era permanentemente prorrogado, puesto que en muchos sitios me quedaba largo tiempo, y no significaba la inacción: llegaba, me ubicaba con facilidad; no pasaban unas horas y yo estaba acomodando las mesas, las sillas, poniendo algo en las paredes, en los cajones, en los estantes, pero pese a esa adecuación instantánea, algo misterioso me impedía sentir que allí estaba, que ese espacio en orden era mi casa (...)
En las nuevas pesadillas se erigió la casa futura: siempre era inconclusa, sus cuartos siempre tenían puertas que daban a otros recintos aún sin explorar pero que alguna vez serían incorporados; y esa casa era posible, más allá de los muros verdaderos, crecía invitándome a recorrer pasillos oscuros y a subir escaleras que de repente se tronchaban, como las galerías de la existencia misma, y las habitaciones quedaban entonces aisladas, fuera de orden y de serie, pero eran atractivas pues se suponía que en ella estarían los objetos y los muebles perdidos.


Tununa Mercado

sábado, 21 de marzo de 2009

sin cebollas en primavera

el invierno se ha terminado en este lado de Europa, y con él desparece la mayor parte de los abrigos que había en cinco kilómetros a la redonda. de pronto, la gente de Toulouse se ha desenredado las bufandas, quitado los guantes y los polares, y guardado en el armario las camisetas térmicas. es la hora del corazón de las cebollas. ya no quedan capas, ni cáscaras, ni siquiera un caparazón de cuero o una manta de colores que acompañaba las películas en mi buhardilla.
el invierno, con su frío homogéneo que nos iguala a todos, ha dado paso a la luz y a un sol un poco pegajoso. aquel que usaba pasamontañas ahora viste un gorro rastafari que le deja escapar unos dreadlocks, la amelie que en el frío coloreaba su bufanda es ahora la hermana francesa de Agatha Ruiz de la Prada con trajes excéntrico de "oda a la primavera", el obrero ha escondido su mono para sacar sus brazos tatuados en las paredes que limpia y pule junto a mi casa, el mendigo ya no espera a que el camión de las asociaciones benéficas lo habitúe...
vino la primavera, hemos pelado la cebolla del invierno y aparecen las rarezas, los extremos, las influencias, las limitaciones. todo aquel que vivía enfundado en un armadillo, que se vestía hasta las orejas intentando pasar desapercibido por su falta de coolismo, ahora tirita en casa, pensando en qué color le hace falta para pasar nuevamente desapercibido. sin pedazos de cebolla, llora y lamenta no haber nacido innovador, ser poco resultón, por no seguir el camino de lo último, tal vez con una rata en el hombro, unas gafas de aviador, o por qué no con una buena corbata que atraviese el pecho desnudo al salir a la calle...
esperemos que el verano con su falta de atuendo nos equilibre en la playa. allí, sin cebolla o con cebolla, las ganas de llorar son las mismas por todas partes.

jueves, 12 de marzo de 2009

dónde

Comencé a explicarle el mundo
y sus fragmentos desiguales,
sin poder contarle
cómo a veces no cabemos
en ninguna parte.


Nidia González

lunes, 2 de marzo de 2009

entre el lejano y el ajeno

la letra del lejano dibuja la calle y escribe mientras retuerce la hoja del cuaderno dice caras que hablan paseos de una hora silenciosa como invadir la tarde por una de las orillas junto a la calle del ajeno la calle enfocada en los océanos recita que el viaje del lejano y la otra vida no son un mundo de los hombres ni una distancia

sábado, 14 de febrero de 2009

entre paisajes

Porque, aparte del camino, está el paisaje, que en el viaje cambia continuamente. Puede ser más exótico o común, más hermoso o menos bello, pero el paisaje, que, junto con el azar y los personajes, compone los tres pilares de la literatura viajera desde que existe, en el viaje se convierte en un espejo en el que nos reflejamos sin darnos cuenta. Da lo mismo que sea exótico o vulgar, familiar o desconocido, el paisaje nos devuelve el reflejo de lo que somos, enfrentándonos a nosotros mismos. Y, como el paisaje cambia, también cambiamos nosotros.


Julio Llamazares

viernes, 30 de enero de 2009

un punto de vista

Cuando salgo a la calle pienso en las palabras que me dijo wilfredo antes de que se marchara a la isla. Aquella última conversación en el café de la Concorde, - ¿y qué te sugería Francia antes de venir?-.
Lo último que hicimos fue criticar un poco Francia, wilfredo quiso dibujar un lienzo completo de todo lo que vio, hasta analizarlo en una tarde. Habló durante horas, hablamos de todo como si fueramos dos franceses que querían resolver el mundo en una cafetería, mientras fumaban unos cigarrillos y se miraban a la cara con el gesto estrecho y filosófico (menos mal que ya no se puede flotar en aquellas nubes de humo). -¿Qué cosa representaba para ti el país?- continuó.
-Imaginaba la baguette y el croisant, la camisa a rayas y las piernas cruzadas de esos tipos estilizados y afeminados que caminan por las calles con los pañuelos a un lado. En la cabeza se me presentaban sus conversaciones por el barrio latino. Sus pintores, pegados a las plazas de Montmartre...
- Sí, sí, sigue sigue...- Me alentaba wilfredo.
-Me gustaban sus mujeres, me impresionaba el idioma carameloso y vibrante, e incluso el acordeón o el jazzmanuche. No sé...
-Muy bien- cortó - ¿sabes...?, antes de visitarte tenía eso en la cabeza, muchos estereotipos habían ido componiendo mi boceto del país, había hecho un fresco urbano. Aunque fuera un país que tenía bien lejos, a través de libros o películas, creía conocerlo. Pero ahora es distinto. Ha perdido su halo de misterio. Como todos los lugares, tiene sus virtudes y sus defectos, pero tiene defectos y eso es evidente. Y no es únicamente el chovinismo del que hablan en la península (donde, por cierto, odian a los franceses como nunca han hecho los canarios, que se sienten tan alejados de los franceses como de los españoles). No, es otra cosa. A veces es su egoísmo y a veces es su amargura.
- Pero si por acá hay gente que camina sonriendo... - añadí.
-Ya, sí... Bueno, hay de todo y es cierto que es imposible generalizar, pero es esa amargura de su cara. No se ve facilmente. Tal vez por la falta de arrugas, parece que la alegría o la tristeza no les hubiera dejado cicatriz ¿me entiendes? O es ese respeto excesivo por el otro durante la semana, y la explosión de gritos, alcohol y locura, que tienen los fines de semana. Se les suelta el corsé y ya no hay quien les aguante...
-También hay cosas buena - decidí salir en la ayuda de mis anfitriones-, dónde encontrarás las cafeterías y el placer por la lectura, en otro lugar del mundo... Y la comida...
- No, si no te lo niego... es que me da rabia las cosas que oigo en otros lugares acerca de los franceses, por ejemplo: solidarios, comprometidos, luchadores, reflexivos... Me parece que han tenido la suerte de su lado, han sabido construir un estereotipo y venderlo por el mundo como si el europeo occidental fuera un francés que todo lo arregla, no participando en la guerra de los gringos, pero qué carajo.
- ¿Qué?
- Que la mitad de África les pertenece todavía, aún conservan bases militares en muchas de sus excolonias... Si es que odio la demagogia de algunos...
-Bueno, bueno, déjalo -intenté parar la conversación - que al final no vas a disfrutar de tu último día acá. Apúrate el café que tenemos que volver a casa.
- Sí, mejor... Es que este país me contraria - aquí nació la reflexión de todos mis paseos posteriores- me encanta y lo odio, no lo soporto y lo necesito, no sé bien porqué y esa incertidumbre me descoloca. Igual volveré a visitarte. Tomaré mi tiempo, mejor es ir cambiando de lugares e ir visitando amigos a sí uno se da cuenta de cuál es el que le tira más.
- Sabes que si sigo aquí serás bien recibido, pero no te prometo nada...
-Ya, si no estás tendré que ir a conocer otra parte.

jueves, 15 de enero de 2009

el náufrago sale

Quien sale quiere quedarse todavía bondadosamente. Todavía. Hace todo por quedarse. Lo ve. No se sabe cómo. A tientas casi. A tientas. Volví para quedarme ¿entiendes? Ni siquiera debes entenderme mucho. Es difícil. Me quedaré por aquí algún tiempo razonable. Todo esto es una larga despedida. Otro lenguaje. No lo sé. Bien lo sé.




Manolo Padorno

jueves, 8 de enero de 2009

trayectos

A naja

lo que vuelas yo lo vuelo de todos modos y lo recorremos dependiendo de la hora en un avión el encuentro o en el barco azul que inventa islas como equipajes figuras entre los dos refugios el tren de la tarde que pasa mientras hablamos uno a uno al espejo y los andenes de color o las calles abiertas el cuerpo de ambos que viaja escupido de los árboles nos separa y repite en cada ciudad o cada espera que nuestro vuelo es una sombra metida en una naranja