miércoles, 26 de marzo de 2008

usos y costumbres para conocer un lugar

lo que distingue a un país no es ningún tipo de clima, de paisaje o de ruido; tampoco las distintas lenguas que pueden hablarse por acá o por allá. ni importa si es cultura eslava, turca o latina, o de algún país árabe u oriental... la gente se asimila a su entorno con lo que puede, y el entorno por inercia hace lo mismo. dos fuerzas que encuentran su espacio común en rincones de la ciudad, donde se quedan apretadas y canalizan hasta adaptarse a ese ritmo urbano.
el supermercado. es ahí donde convergen ambas, donde el sentido del hombre, y por supuesto su primera necesidad, toma forma. un inmenso estante de cervezas que cuestan menos que una botella de agua, o una charcutería que multiplica los jamones colgados en la pared, una sala repleta de cajas de fruta y de racimos de plátanos, bolsas de papas fritas en cantidades industriales y de nuddles e incluso de mamaliga, paquetes de gofio, o cientos de latas de conservas de marisco..., son pequeños detalles que ayudan a comprender dónde nos encontramos. ya no tiene ninguna importancia pasear por ciudades que son tan parecidas a veces, pintadas con los mismos colores, estructuradas de igual forma, o que huelen de manera semejante... es en los colmados donde la intensidad de la gente se explica mejor. elegir, por ejemplo, un trozo de queso en francia, supone una tarea lenta y difícil en medio de esa maraña de olores nauseabundos y fétidos del elemento estrella del país. hay que analizar ingredientes y datos acerca del acompañamiento correcto de ese producto (vino, pan, momento exacto...) y después de todo este proceso meterlo en la cesta de la compra como si fuera la solución de un jerogífico... un vino implica casi un cuarto de hora, por no decir lo de la baguette...
el mundo actual trata de incorporar lo otro por todas partes, como algo que ya existía, como si se tratara de lo que yo desayunaba ayer, o utilizaba para merendar, o tal vez tenía siempre en mis manos después de jugar un partido de baloncesto. la estantería de los supermercados puede hablar más que nosotros mismos, y a menudo no somos concientes de la cantidad de cosas que nos quiere decir. por eso me entretengo más en escucharlos que en darme una vuelta por una plazoleta con guías turísticos, y estancos con souvenir y postales. como una simple fotografía de lo que ha sido siempre ese país o un testimonio que quiere continuar inalterable, miro la cantidad de productos y los expositores y sus neveras repletas de cosas insólitas, espero entender algo más del mundo, quieto en medio de la sección de pasta viendo como justo a mi lado alguién llena su carrito con toneladas de macarrón en caja para pasar el final del invierno hirviendo litros y litros de agua, imaginando quizás que es la única forma de sentirse en casa comiendo lo de siempre...

viernes, 21 de marzo de 2008

para llevar en rutas

"Yo soy el individuo.
Me preguntaron que de dónde venía.
Contesté que sí, que no tenía planes determinados.
Contesté que no, que de allí en adelante"



Nicanor Parra

lunes, 17 de marzo de 2008

toulouse de mañana

por las mañanas toulouse despierta de manera distinta a las otras ciudades que he conocido.

un ritmo lento se empotra a las paredes y se acurruca en las escaleras que suben y bajan de los puentes, como si el frío de la noche tratara de recuperar su fisonomía líquida en este proceso, acorde a los movimientos del Garonne. las calles comienzan a recibir el olor del desayuno mientras los jardines y los parques, aún escarchados, se descortezan el frío y comienzan a llenarse con algunos perros que ladran y retozan en su paseo diario...
la temperatura del día se origina a través de esta mezcla de sensaciones: la textura gélida de la noche pasada, la primavera de las casas, el ruido de la gente andando hacia cualquier parte, la humedad cubriendo los estancos..., y como punto de encuentro las cafeterías medio desiertas que por la mañana toman el aspecto de fabricas de lectura o la forma de un esqueleto al que todavía le quedan horas por vestirse.
el sol remonta medio somnoliento, legañoso, casi desorientado... se desplaza e invade las vidrieras de los comercios y enciende los ojos de aquellos que salieron de la boca del metro como de una herida... va activando interruptores imaginarios, conectando voces, amarrando árboles...
toulouse se recupera de un modo particular. pocos en la ciudad prestan atención a esta composición sinfónica de los elementos. este enjambre del sur de francia renace medio desnudo y medio perdido, destemplado, cubierto de hojas de periódico del próximo día.
aquí se borra la etiqueta del tiempo. amanece como quien descubre que los paisajes se inventaron para acompañar a las mañanas, o como quien dice que entre el sueño y el día hay un sólo vínculo...

toulouse termina entonces su recomposición diaria.

El arte de dibujarte

"En algún lecho del golfo de Corinto, en tiempos de la Grecia antigua, una mujer contempla, a la luz del fuego, el perfil de su amante dormido.
En la pared, se refleja la sombra.
El amante, que yace a su lado, se irá. Al amanecer se irá a la guerra, se irá a la muerte. Y también la sombra, su compañera de viaje, se irá con él y con él morirá.
Es noche todavía. La mujer recoge un tizón entre las brasas y dibuja, en la pared, el contorno de la sombra.
Esos trazos no se irán.
No la abrazarán, y ella lo sabe. Pero no se irán
."


Eduardo Galeano

sábado, 8 de marzo de 2008

al empezar la ciudad

podría decir que no existe la ciudad que conocí porque no la han inaugurado aún.

tuve la suerte de visitarla, pero no recuerdo ni cuándo ni cómo llegué a ella...

paseé por sus parques a medio construir y escuché los ruidos que hacían los niños ensayando gritos y golpes, y algún que otro murmullo practicado por unas madres delante de un árbol cualquiera mirando a sus hijos interpretar el personaje que les fue asignado. la luz de las farolas todavía permanecía envuelta en celofán y sólo un tímido parpadeo dentro de unas cajas colocadas en la calle hacía intuir su presencia. los semáforos conservaban ese brillo anaranjado intermitente a la espera de ser encendidos, los relojes no coincidían en la hora, los coches estaban embalados, por las avenidas el olor era una mezcla de plástico y madera...

una ciudad sin empezar..


había miles de obreros desempaquetando, montando, taladrando, barriendo... aquí una bombilla halógena con la que resaltar un letrero, allí una muralla para dividir los jardines, o incluso un grupo de artistas creando una performance con la que comenzar el primer día de vida de esta ciudad desnuda.


caminé entre cajas, albaranes, camiones que iban y venían y cosas que quedaban fosilizadas en medio del asfalto. durante unas cuantas horas era uno más en medio de aquel collage y ni tan siquiera los ingenieros o los agentes de seguridad que se ocupaban de organizar aquel tinglado descomunal, habían prestado atención a mi presencia.


continué hasta llegar a algo parecido a un muelle (siempre en construcción) donde unas gruas iban montando, uno encima de otro, los tretrápodos que recordaba haber recorrido cuando pibe. el mar no era tan diferente de los otros mares, pero algo lo distinguía y lo personalizaba. unos buceadores con trajes amarillos y redes iban vertiendo un contenido en el agua; y otros, estos vestidos con trajes de color azul, dejaban cangrejos y pegaban mejillones y lapas entre las rocas. el mar aún no tenía el color turquesa con el que estaba familiarizado, sino que por el contrario una capa blanca lo cubría totalmente.


de la misma forma que entré en aquel escenario, no sé cómo logré salir, ni cuándo lo hice... mi recuerdo es vago y mis ideas no se han aclarado aún. aquella ciudad que no había empezado a existir la tengo metida en la cabeza, llevo detalles exactos y borrones de algunas calles, mi memoria mezcla los contenedores en donde guardaban a las parejas más jóvenes (preparadas para ser colocadas arbitrariamente) con esbozos de grafitis con los que pintar el transporte público...

no puedo dejar de pensar en aquella maqueta, en aquella ciudad por estrenar, los ruidos por oír, unos olores por sentir cuando la mañana se abre, la lluvia por empapar, y eso tan particular que dejan en el cuerpo de sus transeúntes y que afortunadamente no tiene nombre...

un día deseo volver a reconocerla, no sé si por azar o por búsqueda, toparme con aquellas calles poco recorridas, y convertirme en uno más que se pierde por ahí... y bueno, y quién sabe..., tal vez pensar que pertenezco a ella, y que es esa ciudad que quizás se inventó para mí... y que llevo por dentro.

viernes, 7 de marzo de 2008

prosas nómadas

"El quedarse en un mismo lugar durante demasiado tiempo puede producir en la persona una acumulación fatal de pésimos sedimentos emocionales: fermentos, mohos, agruras, podredumbres. Una señal inequívoca de que ha llegado la hora de pensar en ponerse en camino, emprender un viaje, sentir el viento en la cara y respirar aire puro."

Ryszard Kapuscinski

lunes, 3 de marzo de 2008

a la búsqueda

"ella respira en otra página del cuento"

Juan Gelman